Hoy comienzo una nueva etapa profesional. Voy a dirigir la Unidad Territorial de Empleo, Desarrollo Local y Tecnológico de Alcalá de Guadaíra, gracias a la confianza depositada en mi por el Consejo Rector, formado por el Alcalde de Alcalá de Guadaíra, cuatro compañeros más de la corporación municipal, así como por el Delegado Provincial de Empleo y otros representantes de la Junta de Andalucía. Las competencias de este organismo consisten en la promoción empresarial, el apoyo a los emprendedores y el fomento del empleo en nuestra localidad. Su función es adaptar las políticas públicas de la Junta de Andalucía en materia de emprendimiento y empleo a las necesidades del territorio, en este caso Alcalá de Guadaíra, la ciudad que concentra el 40 % del tejido industrial y empresarial de la provincia de Sevilla y el 10 % del conjunto de Andalucía.
Sin duda supone un importante reto, más aún si tenemos en cuenta la coyuntura de crisis económica por la que atravesamos, que ha socavado los cimientos de un sistema productivo basado en la construcción residencial y el consumo interno de las familias. También la crisis ha terminado por arrastrar las industrias fácilmente deslocalizables, en las que la rentabilidad se obtenía del factor salarial y no de la innovación y el valor añadido. El Gobierno de España y la Junta de Andalucía han apuntado que su política va dirigida a cambiar el modelo productivo hacia la economía sostenible, basada en la competitividad que ofrece la innovación tecnológica, la capacitación de los trabajadores y la decisión empresarial.
Esa debe ser la línea conductiva que debemos apoyar y potenciar en nuestra Ciudad, para que siga siendo pionera en España y en Andalucía en materia empresarial. Me sumo a ese proyecto, para trabajar en equipo, junto a Antonio Gutiérrez Limones, y al resto de compañeros de la Agrupación Local del PSOE y de la Corporación. Sin duda es un reto difícil, pero son dichos retos los que nos mueven a superarnos a las organizaciones y a las personas. El trabajo es la mejor forma de empezar a cumplir objetivos, así que a trabajar con toda la intensidad.
viernes, 20 de noviembre de 2009
martes, 10 de noviembre de 2009
Recuperar el valor de la política
En tiempos de crisis como los actuales resulta imprescindible que la sociedad recupere la confianza en la Política, como único medio para salir de la crisis y cambiar los valores y principios que hasta hace poco habían regido en la economía y en la sociedad. Precisamente esta crisis se origina por una falta de políticas públicas, por la ausencia de control sobre los mercados financieros y por dejar campo abierto a la especulación y al dinero fácil. Por ello, sólo desde la Política se puede construir un proyecto colectivo que repare las injusticias del mercado, corrija las desigualdades, y coloque al ciudadano en el eje en torno al que debe girar la acción pública. En estos momentos no cabe recurrir a soluciones populistas, antidemocráticas o autoritarias, a pesar de que estos movimientos extremistas tienen mayor predicamento en circunstancias como las actuales.
Los últimos casos de corrupción no contribuyen a que la sociedad perciba la actividad política como imprescindible para salir de la crisis, deterioran la imagen de la política y de las personas que se dedican a la misma en su conjunto. Si bien está claro que los casos de corrupción constituyen un comportamiento individual de las personas que comenten los delitos, dichas acciones acaban contaminando a la inmensa mayoría de personas que participan en política con esfuerzo y dedicación. Para evitar que la manzana podrida acabe contaminando al resto, hay que reaccionar de forma inmediata, expulsando a los implicados y estableciendo un cordón sanitario para evitar nuevos casos.
Es responsabilidad de todos recuperar el prestigio de la política, ya que la democracia es un proyecto colectivo que a todos corresponde defender. Si los ciudadanos elegimos el camino de la abstención electoral y la falta de participación en los asuntos públicos, no estaremos contribuyendo a solucionar los problemas que nos atañen a todos, ni dignificando la acción de la política. Igualmente, la clase política se debe aun compromiso ético, y su actividad debe estar regida por valores fácilmente compartidos por el conjunto de la ciudadanía. No permitamos que comportamientos individuales empañen el honesto compromiso de muchos ciudadanos: votantes, militantes y cargos públicos, que dedican su tiempo a la Política.
Los últimos casos de corrupción no contribuyen a que la sociedad perciba la actividad política como imprescindible para salir de la crisis, deterioran la imagen de la política y de las personas que se dedican a la misma en su conjunto. Si bien está claro que los casos de corrupción constituyen un comportamiento individual de las personas que comenten los delitos, dichas acciones acaban contaminando a la inmensa mayoría de personas que participan en política con esfuerzo y dedicación. Para evitar que la manzana podrida acabe contaminando al resto, hay que reaccionar de forma inmediata, expulsando a los implicados y estableciendo un cordón sanitario para evitar nuevos casos.
Es responsabilidad de todos recuperar el prestigio de la política, ya que la democracia es un proyecto colectivo que a todos corresponde defender. Si los ciudadanos elegimos el camino de la abstención electoral y la falta de participación en los asuntos públicos, no estaremos contribuyendo a solucionar los problemas que nos atañen a todos, ni dignificando la acción de la política. Igualmente, la clase política se debe aun compromiso ético, y su actividad debe estar regida por valores fácilmente compartidos por el conjunto de la ciudadanía. No permitamos que comportamientos individuales empañen el honesto compromiso de muchos ciudadanos: votantes, militantes y cargos públicos, que dedican su tiempo a la Política.
domingo, 18 de octubre de 2009
La caja de solidaridad II, algunas respuestas
En el anterior apunte lanzaba algunas preguntas y he recibido respuestas muy interesantes, aunque sin duda en el segundo comentario se mojan más que los demás, aportando algunas soluciones. Voy a intentar dar mis respuestas de forma sintética, que pueden ser desarrolladas en próximos apuntes.
Respecto a la primera de las preguntas, resulta legítimo que los empresarios intenten sacar ventajas competitivas de la crisis. Los cambios son necesarios para relanzar la economía española, esto ya no lo puede dudar nadie, pero los cambios no pueden consistir en la reforma de la legislación laboral o de la Seguridad Social. Si se han de acometer reformas en esta materia debe ser con el Acuerdo de los agentes sociales, estando obligado el Gobierno a que se reduzcan las posturas encontradas. Sin embargo, más importante que modificar regulaciones como las indemnizaciones por despido, resulta el cambio de cultura empresarial y laboral. La empresa, si quiere tener un proyecto estable y generador de riqueza y prosperidad, debe asumir que el trabajador no es un factor más de producción, sino que es quien aporta valor a la actividad, por tanto debe sentirse desarrollado y cómodo en la empresa. Esto no es sólo una cuestión de salario, existen elementos mucho más importantes como la conciliación de la vida familiar y laboral.
A su vez el trabajador debe asumir también su propio cambio de cultura. Debe apostar por la formación y por la capacitación, por defender el valor de su trabajo en relación con la empresa. Debe asumir un papel protagonista en la productividad empresarial. Y en relación con el Estado y la aportación que recibe de éste, debe ser consciente que las prestaciones por desempleo o enfermedad son un derecho, vinculado a recobrar su empleabilidad, no una forma de vida o subsistencia. Cuando se produce un abuso de derecho, en última instancia se está llevando a cabo una vulneración del mismo derecho.
Respecto a la segunda pregunta, sobre la capacidad de aguante del Estado frente a la crisis, es cierto que se debe defender frente al fraude, sobre todo del fraude proveniente de los que más recursos tienen y más pretenden ocultar al Tesoro Público. Pero también debe adaptarse el Estado a las circunstancias contemporáneas y modificar algunos de sus sistemas de protección. Pretendo en siguientes apuntes hacer referencias a la defensa del Estado frente a los abusos de las corporaciones, los grupos de intereses y los particulares.
Respecto al Acuerdo Social y las tres últimas preguntas, sin duda ahora resulta más necesario que antes del verano. El tiempo transcurrido no ha servido para favorecer la inversión y frenar la destrucción de empleo. Debemos asumir que estamos ante un proyecto colectivo y que todas las partes deben renunciar a alguno de sus máximos para alcanzar un consenso. Por tanto, si hay que reformar la legislación laborar debe hacerse, pero con el objetivo de garantizar la creación de empleo, la estabilidad en el empleo y la protección social del trabajador, repartiéndose los costes entre el empresario y el Estado. En materia de Seguridad Social también debe estudiarse transformar el sistema de capitalización individual en un sistema de reparto colectivo, para asegurar el mínimo de cobertura a un segmento de población mayor.
Por tanto, abordemos las reformas necesarias, como el aumento de la edad de jubilación en determinados puestos de trabajo, las primas a determinados tipos de contratación, como las de tiempo parcial, la uniformidad del tipo de contrato de trabajo, para evitar desigualdades entre los distintos tipos de contratación. Pero el Acuerdo debe ser más ambicioso, debe proponer a la sociedad española un nuevo contrato social, basado en la creatividad y el emprendimiento, porque a la larga no existe el negocio fácil, todo requiere su esfuerzo.
Respecto a la primera de las preguntas, resulta legítimo que los empresarios intenten sacar ventajas competitivas de la crisis. Los cambios son necesarios para relanzar la economía española, esto ya no lo puede dudar nadie, pero los cambios no pueden consistir en la reforma de la legislación laboral o de la Seguridad Social. Si se han de acometer reformas en esta materia debe ser con el Acuerdo de los agentes sociales, estando obligado el Gobierno a que se reduzcan las posturas encontradas. Sin embargo, más importante que modificar regulaciones como las indemnizaciones por despido, resulta el cambio de cultura empresarial y laboral. La empresa, si quiere tener un proyecto estable y generador de riqueza y prosperidad, debe asumir que el trabajador no es un factor más de producción, sino que es quien aporta valor a la actividad, por tanto debe sentirse desarrollado y cómodo en la empresa. Esto no es sólo una cuestión de salario, existen elementos mucho más importantes como la conciliación de la vida familiar y laboral.
A su vez el trabajador debe asumir también su propio cambio de cultura. Debe apostar por la formación y por la capacitación, por defender el valor de su trabajo en relación con la empresa. Debe asumir un papel protagonista en la productividad empresarial. Y en relación con el Estado y la aportación que recibe de éste, debe ser consciente que las prestaciones por desempleo o enfermedad son un derecho, vinculado a recobrar su empleabilidad, no una forma de vida o subsistencia. Cuando se produce un abuso de derecho, en última instancia se está llevando a cabo una vulneración del mismo derecho.
Respecto a la segunda pregunta, sobre la capacidad de aguante del Estado frente a la crisis, es cierto que se debe defender frente al fraude, sobre todo del fraude proveniente de los que más recursos tienen y más pretenden ocultar al Tesoro Público. Pero también debe adaptarse el Estado a las circunstancias contemporáneas y modificar algunos de sus sistemas de protección. Pretendo en siguientes apuntes hacer referencias a la defensa del Estado frente a los abusos de las corporaciones, los grupos de intereses y los particulares.
Respecto al Acuerdo Social y las tres últimas preguntas, sin duda ahora resulta más necesario que antes del verano. El tiempo transcurrido no ha servido para favorecer la inversión y frenar la destrucción de empleo. Debemos asumir que estamos ante un proyecto colectivo y que todas las partes deben renunciar a alguno de sus máximos para alcanzar un consenso. Por tanto, si hay que reformar la legislación laborar debe hacerse, pero con el objetivo de garantizar la creación de empleo, la estabilidad en el empleo y la protección social del trabajador, repartiéndose los costes entre el empresario y el Estado. En materia de Seguridad Social también debe estudiarse transformar el sistema de capitalización individual en un sistema de reparto colectivo, para asegurar el mínimo de cobertura a un segmento de población mayor.
Por tanto, abordemos las reformas necesarias, como el aumento de la edad de jubilación en determinados puestos de trabajo, las primas a determinados tipos de contratación, como las de tiempo parcial, la uniformidad del tipo de contrato de trabajo, para evitar desigualdades entre los distintos tipos de contratación. Pero el Acuerdo debe ser más ambicioso, debe proponer a la sociedad española un nuevo contrato social, basado en la creatividad y el emprendimiento, porque a la larga no existe el negocio fácil, todo requiere su esfuerzo.
martes, 6 de octubre de 2009
La caja de solidaridad

Durante el siglo XIX la revolución industrial cambió profundamente la sociedad europea, probablemente supuso la mayor transformación de las relaciones humanas en la Historia. Los sistemas de producción industrial tuvieron como consecuencia que el trabajo de hombres, mujeres y niños fuera considerado un factor más de la producción, al que los propietarios debían sacar el mayor rendimiento. El trabajo fabril dieron como resultado el Movimiento Obrero, como reacción a la explotación que se producía del hombre por el hombre. El Movimiento Obrero tenía como principal herramienta la organización colectiva para la defensa de los intereses conjuntos de los trabajadores. Sólo de forma colectiva se podía hacer frente a los abusos de los propietarios del resto de los factores de producción y al propio sistema.
En el siglo XIX nacen los primeros sindicatos con la misión de organizar a los obreros frente a los patronos. Una de las primeras acciones que pusieron en marcha fue constituir una caja de solidaridad con las pequeñas aportaciones de cada uno de los afiliados. En caso de que alguno de ellos cayera enfermo o tuviera un accidente, se auxiliaba a él y a su familia a través del fondo común que constituía con la caja de solidaridad. Este es el origen primitivo de nuestro actual sistema de Seguridad Social.
Pero la caja de solidaridad también tenía otra utilidad. Cuando se producía el enfrentamiento entre los trabajadores y los propietarios, los primeros tenían como último recurso la huelga para forzar una mejora en sus condiciones laborales y de vida. Mientras duraba la huelga, el sostenimiento de los gastos de todos los trabajadores dependía de la caja de solidaridad. Los trabajadores podrían aguantar la huelga hasta que se agotaba el dinero de la caja. A partir de ahí aparecían las disensiones y muchos estaban obligados a volver al trabajo.
Este breve apunte histórico tiene que ver con la afirmación que hace poco me hacía un viejo sindicalista: “La diferencia que existe en una negociación colectiva entre el trabajador y el empresario, es que el empresario tiene más capacidad de aguante y puede esperar”.
Salvando las distancias, hoy nos encontramos con una situación similar. Ahora la caja de solidaridad ya no la gestiona cada sindicato, sino que es el Estado quien garantiza que exista un fondo común para atender a aquellas personas que no pueden trabajar, bien por edad, por enfermedad o accidente, o bien, por desempleo, porque los productores, atendiendo a las circunstancias del mercado, no pueden generar más trabajo. La cuestión es cuanto tiempo puede aguantar la Caja del Estado en una situación en que sale más dinero del que se ingresa.
Los empresarios están jugando su papel, esperar hasta que los efectos de la crisis se dejen sentir en la legislación laboral, abaratando el coste del despido y reduciéndose las cuotas que aportan a la Seguridad Social. Pueden esperar sin que se resienta su calidad de vida, porque conservan el capital y los beneficios obtenidos en el último decenio de economía pujante. Mientras que los trabajadores tienen garantizada su subsistencia, gracias a la protección que le brinda el Estado. Pero esta situación no puede durar mucho tiempo, ya que los recursos de la caja se agotan.
Hay varias preguntas que me gustaría resolver con vosotros:
- ¿Van a aguantar los empresarios el tiempo suficiente hasta que haya un nuevo parlamento en España que legisle de forma más favorable a sus intereses?
- ¿Va a aguantar el Estado con un porcentaje elevado de gasto social, si no se recupera pronto la actividad económica y los ingresos públicos?
- ¿Están dispuestos los empresarios, los trabajadores y el Gobierno a llegar a un Acuerdo Social para salir de forma conjunta de la crisis?
- ¿Es el momento en que todas las partes tienen que hacer sacrificios y renunciar a sus intereses?
- ¿Deben hacer mayores sacrificios los que han provocado la crisis o los que se han beneficiado de ella, o bien, los que están sufriendo sus efectos?
En el siglo XIX nacen los primeros sindicatos con la misión de organizar a los obreros frente a los patronos. Una de las primeras acciones que pusieron en marcha fue constituir una caja de solidaridad con las pequeñas aportaciones de cada uno de los afiliados. En caso de que alguno de ellos cayera enfermo o tuviera un accidente, se auxiliaba a él y a su familia a través del fondo común que constituía con la caja de solidaridad. Este es el origen primitivo de nuestro actual sistema de Seguridad Social.
Pero la caja de solidaridad también tenía otra utilidad. Cuando se producía el enfrentamiento entre los trabajadores y los propietarios, los primeros tenían como último recurso la huelga para forzar una mejora en sus condiciones laborales y de vida. Mientras duraba la huelga, el sostenimiento de los gastos de todos los trabajadores dependía de la caja de solidaridad. Los trabajadores podrían aguantar la huelga hasta que se agotaba el dinero de la caja. A partir de ahí aparecían las disensiones y muchos estaban obligados a volver al trabajo.
Este breve apunte histórico tiene que ver con la afirmación que hace poco me hacía un viejo sindicalista: “La diferencia que existe en una negociación colectiva entre el trabajador y el empresario, es que el empresario tiene más capacidad de aguante y puede esperar”.
Salvando las distancias, hoy nos encontramos con una situación similar. Ahora la caja de solidaridad ya no la gestiona cada sindicato, sino que es el Estado quien garantiza que exista un fondo común para atender a aquellas personas que no pueden trabajar, bien por edad, por enfermedad o accidente, o bien, por desempleo, porque los productores, atendiendo a las circunstancias del mercado, no pueden generar más trabajo. La cuestión es cuanto tiempo puede aguantar la Caja del Estado en una situación en que sale más dinero del que se ingresa.
Los empresarios están jugando su papel, esperar hasta que los efectos de la crisis se dejen sentir en la legislación laboral, abaratando el coste del despido y reduciéndose las cuotas que aportan a la Seguridad Social. Pueden esperar sin que se resienta su calidad de vida, porque conservan el capital y los beneficios obtenidos en el último decenio de economía pujante. Mientras que los trabajadores tienen garantizada su subsistencia, gracias a la protección que le brinda el Estado. Pero esta situación no puede durar mucho tiempo, ya que los recursos de la caja se agotan.
Hay varias preguntas que me gustaría resolver con vosotros:
- ¿Van a aguantar los empresarios el tiempo suficiente hasta que haya un nuevo parlamento en España que legisle de forma más favorable a sus intereses?
- ¿Va a aguantar el Estado con un porcentaje elevado de gasto social, si no se recupera pronto la actividad económica y los ingresos públicos?
- ¿Están dispuestos los empresarios, los trabajadores y el Gobierno a llegar a un Acuerdo Social para salir de forma conjunta de la crisis?
- ¿Es el momento en que todas las partes tienen que hacer sacrificios y renunciar a sus intereses?
- ¿Deben hacer mayores sacrificios los que han provocado la crisis o los que se han beneficiado de ella, o bien, los que están sufriendo sus efectos?
miércoles, 16 de septiembre de 2009
De nuevo teatro: Calígula

El domingo volvimos a la oscuridad del teatro, tras un estío demasiado largo. En el Lope de Vega, representaba la compañía valenciana L´om imprebis la obra “Calígula” del escritor frances Albert Camus, que ideó el texto en pleno auge del fascismo en Europa, entre los años 1938 y 1939. En apariencia esta obra pretende ser una denuncia del poder absoluto puesto en manos de un solo hombre y de las consecuencias de sus delirantes actos. Sin embargo va más allá y se adentra en el fondo de la psicología humana.
El emperador de Roma se describe como un hombre sometido al único impulso de su voluntad, sin que el sentido común, la moral o la ética le sirvan de freno a sus actos. En una visión sobre sí mismo que traspasaba la paranoia, pretendía cambiar la naturaleza de las cosas por su propia lógica. Por tanto, el autor viene a plantear el concepto filosófico de superhombre, que tiene su origen en la filosofía de Nietsche, y a desmontarlo como una aberración para la convivencia de las personas.
La corte que rodea al emperador es peor tratada aún que el propio emperador. Estos personajes se retratan como un conjunto de aduladores, que llegan a adorar a Calígula convertido en divinidad, por la propia actitud orante y servil de los que le rodean. El emperador llega a mofarse de ellos, les tiende trampas para que estos consejeros caigan en sus propias contradicciones. Uno de los elementos comunes de la mayoría de los cortesanos es que nunca le dicen que no al emperador, engordando a la bestia, dando más alimento a su egolatría. Cuando los actos del emperador superan lo imprevisible, uno de sus consejeros tiene un momento de lucidez y prepara la rebelión. Mientras tanto, en el escenario, todos empiezan a afilar sus cuchillos, silbando el sonido metálico entre el público.
Otro de los personajes destacados es el liberto negro que está al servicio del emperador, convertido en el perro que guarda a su amo. Su posición es servicial, aunque siendo consciente de las locuras de Calígula, defiende que su interés personal es estar junto a su amo, soportar sus excesos, intentar esquivar los que puedan ir dirigidos contra él mismo, y disfrutar mientras ocupe esa posición, sin juzgar la moralidad de los actos de aquel.
Por último, tanto Escipión, como Cesonia, aún siendo conscientes de las atrocidades cometidas por el Emperador y desaprobándolas, son incapaces de actuar contra él, amparadas en un débil sentimiento de amor, que acaba por convertirse más en piedad o compasión que en otra cosa.
Como habéis comprobado, se trata de una obra para reflexionar. Me llamó la atención que entre el público se encontraba el compañero Alfonso Guerra. Seguro que más interesante aún que la obra, hubiera sido haber intercambiado con él lo que nos había sugerido la obra y las conclusiones a las que habíamos llegado, después de cerrarse el telón.
El emperador de Roma se describe como un hombre sometido al único impulso de su voluntad, sin que el sentido común, la moral o la ética le sirvan de freno a sus actos. En una visión sobre sí mismo que traspasaba la paranoia, pretendía cambiar la naturaleza de las cosas por su propia lógica. Por tanto, el autor viene a plantear el concepto filosófico de superhombre, que tiene su origen en la filosofía de Nietsche, y a desmontarlo como una aberración para la convivencia de las personas.
La corte que rodea al emperador es peor tratada aún que el propio emperador. Estos personajes se retratan como un conjunto de aduladores, que llegan a adorar a Calígula convertido en divinidad, por la propia actitud orante y servil de los que le rodean. El emperador llega a mofarse de ellos, les tiende trampas para que estos consejeros caigan en sus propias contradicciones. Uno de los elementos comunes de la mayoría de los cortesanos es que nunca le dicen que no al emperador, engordando a la bestia, dando más alimento a su egolatría. Cuando los actos del emperador superan lo imprevisible, uno de sus consejeros tiene un momento de lucidez y prepara la rebelión. Mientras tanto, en el escenario, todos empiezan a afilar sus cuchillos, silbando el sonido metálico entre el público.
Otro de los personajes destacados es el liberto negro que está al servicio del emperador, convertido en el perro que guarda a su amo. Su posición es servicial, aunque siendo consciente de las locuras de Calígula, defiende que su interés personal es estar junto a su amo, soportar sus excesos, intentar esquivar los que puedan ir dirigidos contra él mismo, y disfrutar mientras ocupe esa posición, sin juzgar la moralidad de los actos de aquel.
Por último, tanto Escipión, como Cesonia, aún siendo conscientes de las atrocidades cometidas por el Emperador y desaprobándolas, son incapaces de actuar contra él, amparadas en un débil sentimiento de amor, que acaba por convertirse más en piedad o compasión que en otra cosa.
Como habéis comprobado, se trata de una obra para reflexionar. Me llamó la atención que entre el público se encontraba el compañero Alfonso Guerra. Seguro que más interesante aún que la obra, hubiera sido haber intercambiado con él lo que nos había sugerido la obra y las conclusiones a las que habíamos llegado, después de cerrarse el telón.
sábado, 12 de septiembre de 2009
Acto de presentación de la Fundación Alfonso Perales
Hoy hemos asistido al acto de presentación de la Fundación Alfonso Perales, cuyo objetivo es ser laboratorio de ideas del PSOE de Andalucía y centro de formación. Entre las intervenciones debo destacar la del Presidente de la Junta de Andalucía, Pepe Griñán, que nos hace reflexionar sobre el compromiso político con el futuro, lo que él mismo llama tener puestas las luces largas. Vuelve a insistir en que la mejor inversión que podemos hacer es en Educación, a pesar de que su rentabilidad se va a generar a largo plazo. Seguro que la Fundación, cuya andadura ha comenzado hoy, contribuirá a marcar esos objetivos que no podemos perder de vista en el horizonte, a pesar de que la coyuntura actual de crisis nos empuja a solucionar los problemas inmediatos. Pero teniendo claro que las soluciones coyunturales no pueden impedir el desarrollo de las políticas del futuro. Por ejemplo, no deberíamos incentivar una industria altamente contaminante, a pesar de los puestos de trabajo que pudieran estar en riesgo.
Otra de las intervenciones destacadas ha sido la de Felipe González, que sigue conservando las facultades de un político excepcional, capaz de atraer la atención del auditorio y convencer con su mensaje. Entre otras cuestiones ha planteado que la izquierda europea debe reconocer su perdida de apoyo frente a los partidos conservadores, sin embargo en Estados Unidos y en Japón el cambio frente a la crisis lo representan las políticas progresistas. Para cambiar esa situación los partidos socialdemócratas y socialistas europeos tenemos que mirar a la gente, ponernos en su lugar y dar respuestas a sus demandas. Propone que Europa hable con una sola voz en el contexto internacional, en las reuniones del G-20 o del G-8, propugnado un cambio real del sistema financiero, que hasta ahora había funcionado como un casino sin reglas. Hay una frase que me ha llamado la atención, nada más y nada menos que cita el expresidente a Cervantes: Cuando Sancho Panza iba a tomar posesión de su cargo de gobernador de la ínsula de Barataria, Don Quijote le recomienda para un buen gobierno: “pocas normas y que se cumplan”.
Sin duda, el acto de hoy ha sido un interesante comienzo del curso político en Andalucía, esperemos que con inteligencia y audacia, consigamos hacer realidad el nuevo principio de sostenibilidad, que los socialistas hemos sumado a nuestros tres principios clásicos de libertad, igualdad y solidaridad.
Otra de las intervenciones destacadas ha sido la de Felipe González, que sigue conservando las facultades de un político excepcional, capaz de atraer la atención del auditorio y convencer con su mensaje. Entre otras cuestiones ha planteado que la izquierda europea debe reconocer su perdida de apoyo frente a los partidos conservadores, sin embargo en Estados Unidos y en Japón el cambio frente a la crisis lo representan las políticas progresistas. Para cambiar esa situación los partidos socialdemócratas y socialistas europeos tenemos que mirar a la gente, ponernos en su lugar y dar respuestas a sus demandas. Propone que Europa hable con una sola voz en el contexto internacional, en las reuniones del G-20 o del G-8, propugnado un cambio real del sistema financiero, que hasta ahora había funcionado como un casino sin reglas. Hay una frase que me ha llamado la atención, nada más y nada menos que cita el expresidente a Cervantes: Cuando Sancho Panza iba a tomar posesión de su cargo de gobernador de la ínsula de Barataria, Don Quijote le recomienda para un buen gobierno: “pocas normas y que se cumplan”.
Sin duda, el acto de hoy ha sido un interesante comienzo del curso político en Andalucía, esperemos que con inteligencia y audacia, consigamos hacer realidad el nuevo principio de sostenibilidad, que los socialistas hemos sumado a nuestros tres principios clásicos de libertad, igualdad y solidaridad.
jueves, 27 de agosto de 2009
Cuadernos de viaje II: Berlin, 20 años de reencuentro
Lo que más me ha sorprendido de nuestro viaje a Berlín es que no existen heridas de la división de la ciudad, parece que han cicatrizado. Tras 20 años desde la reunificación y gracias al esfuerzo inversor del Gobierno alemán todo indica que hay una integración del antiguo este en la República Federal.El emblema de la ciudad unida es sin duda la cúpula del Reigstag diseñada por Norman Foster y los edificios anejos al parlamento, que son un ejemplo de arquitectura de vanguardia. Merece la pena navegar por el Spree y contemplar el nuevo barrio gubernamental, donde antes se levantaba el telón de acero y las redes metálicas impedían que los súbditos de la RDA pudieran escapar buceando a Berlín occidental, ahora existen edificios para el ejercicio de la democracia y la difusión de la cultura.
Por lo demás resulta una ciudad llena de vida, donde los residentes toman el sol en improvisadas playas artificiales, se divierten en los conciertos organizados en plena calle y hacen nudismo en el césped de Tiergarten. La bicicleta es un sistema de transporte muy utilizado por sus ciudadanos y por los visitantes y todas las calles cuentan con carriles-bici para el desplazamiento de los ciclistas.
Hay que detenerse para ver las fotografías de la ciudad divida que cuelgan en los establecimientos, para comprobar el cambio producido. Lo que hace 20 años era un gran solar cruzado por el muro, se ha convertido en la nueva Postdamer plazt, recuperada como núcleo vital de la ciudad para el ocio y los negocios. Berlín hoy, como nuevo centro cultural y social de Europa, ha hecho realidad las palabras de un extranjero que pronunció en un momento clave de la historia la frase: “Ich bin ein berliner”.
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